María, de Jorge Isaacs

El rayo que rasga las nubes y cayendo sobre la copa del moabab lo despedaza, como tu planta deshace una de sus flores secas; las estrellas que como el oro y perlas que bordan tus mantos de calín, tachonan el cielo; la luna, que te place contemplar en la soledad dejándote aprisionar entre mis brazos; el sol que bruñó tu tez azabache y da luz a tus ojos, sol ante el cual el fuego de nuestros sacrificios es menos que el brillo de una luciérnaga: todas son obras de un solo Dios. Él no quiere que ame a otra mujer que a ti; él manda que te ame como a mí mismo; él quiere que yo ría si ríes, que llore yo si lloras, y que en cambio de tus caricias te defienda como a mi propia vida; que si mueres llore yo sobre tu tumba hasta que vaya a juntarme contigo más allá de las estrellas, donde me esperarás.

Creo que esta larga cita recoge el espíritu romántico de esta novela de Jorge Isaacs, un colombiano nacido en 1837 y que también fue poeta, periodista y político. Personalmente, me parece una contradicción profunda ser poeta y político a la vez, algo así como estudiar derecho y escribir poesía, pero supongo que algunas personas llevan la contradicción en el alma.

La verdad es que a mí me costó un poco acostumbrarme al estilo de la novela, un poco empalagoso para mi gusto, pero al final me gustó bastante porque entre tanto romanticismo uno encuentra cosas realmente interesantes, como el tema de la esclavitud, los tipos populares, e incluso la propia concepción romántica del amor del poeta.

Personalmente, mi parte favorita de la novela, más que la consabida historia de amor entre Efraín y la perfectísima María, es la historia intercalada de Nay y Sinar, la historia de amor entre dos miembros de tribus africanas contrarias que acaba abruptamente cuando Nay es vendida a los mercaderes de esclavos, que emana una profunda ternura y atrapa completamente la atención del lector. Además, al tratar sobre el drama de la esclavitud, pone de relieve algo que en la época aún no tenían muy claro: que los esclavos eran personas y que, como tales, tenían sentimientos. A esta historia pertenece la cita que he reproducido; concretamente, del momento en el que Sinar le confiesa a Nay que se ha convertido al cristianismo.

Por otro lado, otro aspecto que me ha llamado la atención de la obra y en el que no caí hasta leerme la introducción crítica, pero que yo de alguna forma intuía, es la sensualidad velada que desprende la obra, que se halla precisamente en las descripciones de la naturaleza y en la exaltación de la castidad.

Cuando lees que a Efraín le gustaba contemplar los brazos o los hombros desnudos de María o que le rozase su vestido, sabes que ahí hay algo más; lo curioso es que a veces exalta la pureza o la castidad de María como si estuviese justificando sus acciones a cada paso y, para mí, eso responde al dicho excusatio non petita accusatio manifesta. Aunque el ideal romántico es un amor puramente espiritual, es obvio que el amor de Efraín no es precisamente así: Efraín desea a María, y por eso y porque la ama, se quiere casar con ella. Por eso, para mí este amor no es tan romántico como parece, sino un amor real y pleno que podría tener vigencia hoy mismo.

Además, si recordamos otras escenas como la conversación de Efraín con Salomé, nos daremos cuenta de que Efraín siente también atracción hacia ella, y que Salomé no es tan inocente como parece. Y, desde mi punto de vista, el encanto de Efraín recae justamente en eso que, aún conociendo los encantos de otras mujeres, sabe ser fiel y amar a María.

Algo que fue también muy gracioso descubrir en la lectura es cómo una excesiva exaltación de la castidad puede tener el efecto contrario, ya que lo casto evoca por implicación lo sensual, por eso algún crítico condenó vehementemente La Diana de Jorge de Montemayor, una novela que “exalta la castidad en cada página”.

En conclusión, creo que es una novela preciosa y que merece ser leída, ya no sólo como ejemplo de novela romántica/costumbrista hispanoamericana, sino también como un libro actual que nos habla de algo que nos afecta a todos -el amor y la muerte- y que, además, nos hará pasar un buen rato (aunque alguna acabe llorando, seguro).

Pronto escribiré otra entrada sobre Sin rumbo, de Eugenio Cambaceres; hasta entonces… ¡sed felices!

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Acerca de Galleta

Sí, soy una galleta. Una galleta que es una filóloga hispánica reciente y a la que le gusta leer, mirar las estrellas y escribir por encima de cualquier cosa. ¡Ah, y el chocolate!
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10 respuestas a María, de Jorge Isaacs

  1. lolabarri dijo:

    Galleta, me ha gustado mucho tu entrada, y si tuviera a mano el libro, quizá me animara a leerlo, aunque igual es demasiado pesado si lo que quieres es despejarte de órganos y enzimas mientras vuelves de la universidad en tren.

    Sólo discrepo en una cosa, quizá de matiz: yo no hablaría de que no es un amor romántico, como contraposición a uno real, sino que hablaría de un amor idealista o platónico. Un amor romántico puede ser perfectamente real, ¿o no?

    • Galleta dijo:

      ¡Hola! Gracias por comentar, n.n Respecto a lo que dices del amor romántico, me refiero a romántico en el sentido de perteneciente a la concepción del amor propia del Romanticismo como movimiento literario y, en ese sentido, la concepción romántica del amor es claramente platónica o idealista, dado que era un amor puramente espiritual, que se consideraba corrupto si se realizaba plenamente y que se basaba en la completa idealización de la amada. Por eso los amores románticos sólo eran eternos si la amada muere, porque si no era así, sólo llevaba a la decepción. ¡Besines!

  2. Leti dijo:

    O sea, que al final hablábamos de lo mismo, lo que pasa es que tú sabes las causas y yo no.

  3. Dolores dijo:

    Hola!!! No sé me ocurre nada qué comentar, i´m sorry! Normalmente cuando me pasa esto no comento, pero ya que insistes… Pues eso, que he leído tu entrada desde la primera palabra a la última!
    Prometo escribirte un mail largo, es que he empezado con laboratorio (el último de la carrera!), y no me da la vida…

  4. Anaida dijo:

    Hola, galleta!
    Sólo comentar que a mí no me parece ninguna contradicción ser político y poeta al mismo tiempo.

  5. Pilar dijo:

    Me siguen encantando tus entradas, Arita. Me han entrado muchas ganas de leer el libro.

    No obstante, no podía dejar pasar tu alusión (aunque tachada)a que estudiar derecho es contradictorio con escribir poesía sin hacer una mera observación. No voy a entrar (ni quiero, aunque incluso podría encontrar argumentos por lo que en principio no tendría por qué ser incompatible) en si ser un jurista consagrado (por ejemplo, un juez o legislador) implica una incongruencia manifiesta con escribir poesía.

    Pero no hemos de confundir el hecho de dedicarse a algo con el de estudiar, de adquirir conocimientos, de indagar en nuevas ramas del saber. Si uno hace esto último ¿por qué razon tiene que ser algo contradictorio con que escriba poesía? Crear arte es perfectamente compatible con el aprendizaje de los Conocimientos de la Humanidad. Si entiendes que para ser poeta hay que ser “bohemio” en el sentido de desentendido de cosas mundanas que en absoluto producen justicia, te puedo comprender. Pero el hecho de estudiar algo no cataloga a nadie. Sea derecho o lo que sea. Y precisamente derecho, ¡¡¡con la cantidad de ramas que abarca!!!

    ¡¡Besotes!!!

    • Galleta dijo:

      Cada vez hablas más como una fiscal… n.n No, en serio, tienes razón. Pero fuera de toda racionalidad, a mí me sigue chocando que alguien que estudie (para ejercerlo, no para conocerlo, ¿eh?) derecho, con el pragmatismo que lo caracteriza, luego sea tan idealista como para componer poesía. Sin embargo, si se piensa bien, hay muchos poetas por ahí que simplemente “comercian” con sus sentimientos, porque saben la de ediciones que da un corazón roto.

      ¡Besines y gracias por pasarte!

  6. Ángel dijo:

    A. Galleta Lovelle, ya sabes que María es la cosa más ñoña que he leído (y eso que todavía no he conseguido quitármela de encima…). He de confesar que ni siquiera he leído entero el comentario que has escrito, solo tenía curiosidad por ver tu blog… A lo mejor me animo y me hago uno yo también… pero no de galletas xD. Un abrazo.

    • Galleta dijo:

      Bueno, ya me dirás en clase qué te ha parecido. Es una pena que no leyeras el final de la entrada, es lo más interesante, n.n

      ¡Gracias por comentar!

  7. Jacob815 dijo:

    Hace tiempo he estado leyendo el libro pero aún no lo he terminado, pero si coincido con Galleta en que la parte más interesante ha sido los capítulos en África, la historia de Nay y Sinar es muy bella, eran de dos tribus diferentes (sino recuerdo mal el padre de Nay mató al padrede Sinar) y aún así ellos terminan junto y amándose, ha sido también muy triste cuando ellos estando recién casados son separados para siempre 😥

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