Mi dos amores de la infancia: El Principito y Tintín

Hoy repasé después de bastante tiempo El Principito. Ese libro y yo tenemos desde hace mucho tiempo una historia de amor a largo plazo. Cuando yo era chiqui, mi mamá me leía El Principito sentadas las dos frente a la librería del salón, mientras mi tío tocaba de fondo el piano como sólo él sabe hacerlo. Para leer cuentos, la voz de mi madre, acariciadora y alegre, era única. Además, con El Principito, esa voz suya se volvía aún más nítida, como si la envolviera una alegría especial, de reencuentro con viejos amigos. Cuando murió mi madre mi tía continuó la lectura de El Principito. Cuando se terminaba lo volvíamos a comenzar, sentadas la una junto a la otra en la mesa del comedor, mientras yo jugueteaba con un trozo de plastilina amarilla. A mí tía, también se le notaba un cambio en la voz al leer las palabras dichas por el zorro. Como buena García, es una amante de El Principito de primera categoría, y me transmitió ese cariño, si bien no tan hondo como el de mi madre, lo mejor que pudo. Cuando crecí, el libro quedó algo abandonado en la estantería de mi cuarto, hasta que un día mi Leti me invitó a comer a su casa. Y diréis ¿y qué langostas tiene que ver eso con El Principito? Pues mucho, porque hete aquí que en casa de Leti, Lourdes, una de sus hermanas pequeñas, me pidió con sus ojos grandes y su sonrisa pronta que le leyera ¿adivináis qué? ¡sí!  El Principito, en una versión nueva y coloreada. Esa misma noche, cuando regresé a mi casa, rescaté a mi Principito de las profundidades de la estantería del sótano, lo forré convenientemente y lo releí. Desde entonces, nunca se ha vuelto a separar de mí. Lo llevo siempre en mi bolsa de viaje, va conmigo a donde voy, y me recuerda a todos mis queridos amigos. Es un libro que no tiene edad, ni la tendrá; que se ha de leer al menos una vez cada año, para que recordemos siempre el valor de la infancia y de la amistad.

 

El otro amor de mi infancia fue Tintín. ¿Os acordáis de aquel chico rubio con un tupé lacado hacia arriba, y un perro la mar de gracioso llamado Milú? ¿Y del capitán Hadock y sus “por mil millones de rayos y centellas”? ¿De la Castafiore y el profesor Tornasol? ¿Y de los hermanos Hernández y Fernández? ¿Y del Coronel Tapioca? Yo sí. Fue mi madre la que comenzó mi colección de películas de Tintín cuando yo era un pispajo travieso. Las solíamos ver juntas, en el salón, acurrucadas la una junto a la otra. Cuando ella ya no estuvo, mi padre continuó la colección, aunque fue entonces cuando las comencé a ver sola. ¡Qué de buenos ratos pasé con mi Tintín! ¡Qué de enfados con el capitán! ¡Qué risas con la Castafiore! Mis primos me iniciaron en la colección de cómics. En cómic leí por primera vez Tintín y las siete bolas de cristal y jamás pasé tanto miedo a mis doce años como con éste cómic, pese a que en los veranos veía un alto porcentaje de películas de Hitchcock cortesía de mis primos. Estuve siete meses sin poder dormir tranquila, y de hecho, cuando mi padre me cambió la habitación, mi primer brinco al verla fue pensar “¡Qué bien, aquí no se puede esconder una momia!” Más tarde leí el primitivo Tintín de Tintín y los Soviets y luego, poco a poco, Tintín fue saliendo plácidamente de mi vida. Lo que me ha hecho avivar su recuerdo ha sido leer en alguna parte que Hergé, su creador, era de ideología nacionalsocialista, en otras palabras, nazi. Yo le tenía algo de cariño a este señor, porque después de la consabida melodía en las películas decía la voz: “Las aventuras de Tintín, por Hergé” y siempre me pareció un tipo especial por haber sabido inventar un personaje tan fantástico como mi rubito Tintín y tan entrañable como mi moreno Hadock. Sólo quería expresar que, ideologías reprobables aparte, siempre le agradeceré al francés los buenos ratos que me hizo pasar; y que siempre me quedará un brinco de cariño hacia él por lo que animó mi niñez cuando más lo necesitaba.

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Acerca de Galleta

Sí, soy una galleta. Una galleta que es una filóloga hispánica reciente y a la que le gusta leer, mirar las estrellas y escribir por encima de cualquier cosa. ¡Ah, y el chocolate!
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3 respuestas a Mi dos amores de la infancia: El Principito y Tintín

  1. Leticia dijo:

    Bueno, aquí está la única que comenta este espacio, porque lo mira cada poco, para ver con qué nos sorprende Araceli.
    Lo primero: ¡felicidades! No, no es que se me haya adelantado un mes tu santo o algo así. Es porque ¡la palabra "brinco" sólo aparece una vez en una entrada tan larga! Enhorabuena: parece que ya vas erradicando esa costumbre. Más vael, la estaba empezando a ver como cosa normal.
    Lo segundo, es que me ha gustado la entrada. A Tintín no le tengo mucho cariño, me parece que es un periodista un poco mimado, acostumbrado a meterse en la aventuras más estrambóticas como si fueran la cosa más normal, y a creer que siempre tiene razón. Sin embargo, el Capitán Haddock sí que me caía bien, al igual que Milú. ¡No he visto nunca perro más inteligente! Aún sigo soñando con tener uno igual.
    En cuanto a El Principito… No me gustaba nada de pequeña, porque no le encontraba ni pies ni cabeza, y el Principito me parecía un poco raro, con ganas de llamar la atención. Pero ahora que he crecido (no en estatura, pero bueno), lo voy entendiendo, y me gusta cada vez más. Es de las pocas cosas con las que estoy de acuerdo contigo, Araceli.
    Y ya que estamos, ¡Felices Pascuas!

  2. Ana dijo:

    Weno Ara!
    Me dices que te escriba? pues te escriboo!! =P    Me encanta tu optimismo, jeje! ese fondo te lo pondrías hasta en el carné de identidad!! jajaja! =P Y espero que sigas así eh??  Ya, ya… ya sé que mi espacio lo tengo muerto de risa jeje, pero esque ya sabes… el tiempo no se puede comprar… y seguro que en eso tú tienes más experiencia 😉     Bueno trataré de pasarme más amenudo por aquí para darte el gusto 😉 Un besazo risueña!!!
    Ana

  3. Pilar dijo:

    friiiki!! friiiiiki!!! friiiiiiki!!!
    refriiiiifi!!! refriiiiki!! refriiiki!!!
    friki, friki, friki;)
    (los comics siempre fueron de frikis….)
    PD: frikiii!!

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